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79 gallinas

Luján Vega

Lo terrorífico no son las 79 gallinas abandonas sin agua ni comida, en jaulas dentro de un laboratorio.

Ni que hayan sido utilizadas como alimento vivo para 42 mil vinchucas.

Lo terrorífico es que esto sucede en demasiadas partes del mundo, a toda hora.

Y ni nos enteramos.

Entonces, ¿cómo sale a la luz?

Empleados despedidos de la Unidad Operativa de Vectores y Ambiente (UNOVE) hablaron con proteccionistas y les comentaron que el último día de trabajo esperaron para entregar las llaves del espacio donde estaban las gallinas, o por lo menos esperar indicaciones, pero no sucedió.

Nadie se preocupó por esas vidas que quedaban enjauladas.

Sin alimento.

Sin agua.

Hacinadas.

Esto fue el 1 de abril de este año y a la fecha aún no hay información sobre las 79 gallinas. A pesar de que haya aparecido en varios medios.

Activistas del MACA (Movimiento Animalista de Coŕdoba) trataron de hacer llegar alimento y agua, pero una escolta policial impidió que la ayuda vital llegara.

Se le reclamó a María Soledad Santini, responsable del Instituto Nacional de Parasitología, y se le pidió la cesión de las 79 gallinas que ya tienen un lugar asegurado en un refugio de animales cerca de ahí.

Santini no sólo se negó sino que mostró desconocimiento de la situación real.

La gente de MACA llevó a cabo la denuncia penal en la Fiscalía de Cosquín, por maltrato y crueldad animal.

Pero todavía no se ha llevado a cabo ningún allanamiento en las inmediaciones del laboratorio.

¿Por qué vinchucas?

La vinchuca (triatomino) es un insecto vector que transmite el parásito causante de la enfermedad de Chagas. El contagio no ocurre por la picadura misma, sino cuando el insecto defeca sobre la piel y la persona se rasca, introduciendo las heces infectadas en la herida. Se utiliza en laboratorios entomológicos para estudiar su biología, probar trampas de atracción, evaluar resistencia a insecticidas y analizar la transmisión del parásito Trypanosoma cruzi (el mencionado causante del Mal de Chagas).

¿Por qué gallinas?

El ave es una fuente inagotable de sangre caliente.

Aunque las vinchucas pueden picar a las gallinas, las aves son huéspedes refractarios para el parásito, es decir que no sobrevive en la sangre de las aves.

Investigando un poco detrás de los titulares de este hecho, aparecen mentiras enormes.

Según el Boletín de la oficina sanitaria Panamericana, las vinchucas, como son insectos hematófagos (consumen sangre), en el laboratorio se alimentan de forma artificial utilizando sangre desfibrinada (esto es, que no coagula) -en general, de conejos o gallinas- a través de diferentes tipos de membranas: preservativo lubricado, tripa de ganado vacuno, papel parafinado.1

Primera mentira:

En este laboratorio había gallinas que se explotaban como alimento vivo de forma directa.

Eran atadas de las patas y se colocaban cabeza abajo sobre el recipiente lleno de vinchucas. Éstas subían por el cuerpo de la gallina para succionar su sangre durante aproximadamente una hora. Luego, las gallinas eran devueltas a sus jaulas. Hasta Karl Marx se vería impresionado con este este ejemplo tan literal de vampirismo.2

En el laboratorio no se usa a los demás animales para encontrar la cura de enfermedades por el bien de la humanidad. Sino para poder venderla.

Segunda mentira:

Se ha dicho que estas vinchucas se utilizaban para investigar y lograr avances científicos en relación con el Mal de Chagas. Pero estas 42.000 vinchucas no estaban infectadas con el parásito. El laboratorio se utilizaba para reproducirlas: se las criaba y se las distribuía a otros laboratorios… Al final, no era un laboratorio, era un criadero.

Otra vez las gallinas siendo víctimas del ser humano y sus políticas. Su egoísmo, codicia e incluso, podría decirse, su mezquindad.

En el año 2015 sucedió un hecho similar, pero a mayor escala. La empresa Cresta Roja entraba en quiebra y sus empleados cortaban rutas. En los galpones de la fábrica había arriba de trescientas mil gallinas sin alimento ni agua disponibles. Bajo el pleno calor del verano, el olor a podrido se olía a kilómetros de la fábrica.

Con un grupo de activistas llegamos lo más rápido que pudimos en caravana, cargadxs con lo que logramos conseguir en poco tiempo: tenazas, cajas, botas, transportadoras. Entramos a los galpones y el escenario era devastador: en vez de piso, había una alfombra de gallinas muertas, en descomposición, y sobre esa alfombra, miles de otras gallinas desnutridas y sucias que se picoteaban entre sí. Matándose entre ellas por hambre. Matándose entre ellas por una gota de agua. Matándose entre ellas cada vez que nos agachábamos para levantar una y sacarla de ahí.

Y el olor. Ese olor… creo que sólo voy a volver a sentirlo el día que me muera. Porque si la muerte huele a algo, es a eso, sin duda.

Finalmente, sólo pudimos rescatar algunas miles, de un total de trescientas mil. Porque eran consideradas propiedad privada, y por eso vino la policía. No porque se estaban comiendo entre ellas, sino porque aparecimos nosotrxs y las queríamos rescatar de ese infierno. Porque nos queríamos “robar” a las gallinas que, aunque estaban destinadas a morir para ser comidas, como ya no era negocio para alguien, ahora se las dejaba morir.

Todo inmundamente parecido a este caso en Córdoba.

¿Podemos imaginarnos el horror que están viviendo las gallinas desde abril hasta la fecha? Teniendo en cuenta que una gallina puede estar 48 horas sin comer y 24 horas sin tomar agua. En palabras de Charles Patterson, los demás animales son las víctimas inocentes de una forma de ver el mundo “que asegura que algunas vidas tienen más valor que otras, que los poderosos tienen derecho a explotar a los que no tienen poder y que los débiles deben ser sacrificados por el bien de la mayoría”.3

Se puede agregar un pequeño dato escalofriante: en 2015 Tres Arroyos se hizo cargo de Cresta Roja, cuando cerró sus puertas. De la empresa, por supuesto, no de las vidas de los animales.

Hace nada más que un par de semanas, Tres Arroyos entró en quiebra y está en proceso de fundirse, además de que se conoció que la planta avícola Wade, ex Cresta Roja y actualmente propiedad del grupo, ha frenado su actividad en un contexto de atrasos salariales y deuda financiera.

Nuevamente el ser humano tomando vidas y explotándolas a cada paso: alimento vivo, experimentación, criaderos. Todo en el mismo laboratorio. Utilizando el aparato estatal para legitimar y naturalizar el uso y abuso de los demás animales.

Si bien el debate sobre la experimentación animal es intenso e inabarcable en el marco de la bioética, es importante rescatar que en este caso, hay muchas cuestiones que eran evitables. Sin ir más lejos, la bioética impulsó en 1959 el Principio de las 3R, obligatorio a nivel mundial, que involucra el reemplazo (utilizar alternativas sin animales, como modelos computacionales o cultivos celulares -in vitro-), la reducción (emplear el menor número de animales posible para obtener resultados científicos) y el refinamiento (minimizar el estrés, el dolor y el sufrimiento aplicando mejores cuidados y anestesia).

En el laboratorio de Córdoba este protocolo no se cumplió.

Si existen mecanismos para alimentar a las vinchucas, que no implican succionarle la sangre a una gallina viva colgada de las patas e inmovilizada durante una hora, ¿por qué perpetuar esa agonía? Si el grupo activista se acercó al lugar con comida y agua, ¿por qué no permitir que se las hagan llegar a las gallinas? Y si ya se consiguió un refugio que puede aceptar a las 79 aves para que pasen el resto de su vida en libertad, ¿por qué el aparato de Estado ni siquiera se molesta en allanar el laboratorio en cuestión?

Este articulo comenzó relatando lo terrorífico y termina con un pensamiento que asusta:

aun como vegana, con una mano en el corazón, deseo que esas gallinas ya estén muertas.

Porque en Cresta Roja fui testigo de lo que sucede cuando el abandono, el hambre y la desesperación por sobrevivir acechan.

Y, lamentablemente, el único alivio para algunos animales es la muerte.

Esto fue el 1 de abril de este año y a la fecha aún no hay información sobre las 79 gallinas.

REFERENCIAS

1. Cedillos, R., Torrealba, J., Tonn, R., Mosca, W. y Ortegón, A. 1982) “Xenodiagnóstico artificial en la enfermedad de Chagas”. Bol of Sanit Panam, Vol. 93, Nro. 9, 1982.

2. Marx, Karl, El Capital, Tomo I, Volumen II, México, Siglo XXI, 2009.

3. Patterson, Charles, Eternal Treblinka: our treatment of animals and the Holocaust, New York, Lantern Books, 2002.

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