Joven rhesus nativo y en cautiverio para experimentaciones invasivas del CPRC, en Sábana Seca. Fotografía por Gazir Sued (2012). (Retocada)
Sobre el cuerpo y la existencia del otrx
Por Verónica L. Antonelli
¿Qué experimentamos cuando nos encontramos con la presencia del otrx? ¿Es una identificación o una alteridad lo que nos pone frente a un ser diferente de la propia conciencia? ¿Qué nos hace reconocerlx como otrx? La tradición occidental moderna ha construido su andamiaje metafísico sobre la figura de un sujeto soberano, capaz de cartografiar el mundo y de apropiarse de su entorno. Pero, cuando introducimos la dimensión de la corporalidad, ese centro de comando empieza a mostrar sus fisuras.
A partir de un diálogo crítico entre la fenomenología de Edmund Husserl (1859-1958) y la filosofía de la sospecha de Friedrich Nietzsche (1844-1900), este artículo propone interrogar un supuesto metafísico profundamente arraigado: la idea de que el cuerpo propio es un ámbito transparente de la conciencia en el que el reconocimiento del otrx depende de su semejanza con nosotrxs mismos. Desarticular esta noción es un ejercicio urgente que tiene implicancias éticas y políticas porque esta crítica se vuelve imperativa cuando observamos cómo las estructuras institucionales y científicas continúan ejerciendo una violencia sistemática sobre todo lo viviente y especialmente sobre los animales no humanos, explicando la tortura con el progreso de la salud (humana).
El «punto cero» y la construcción del otrx
A principios del s. XX la fenomenología trascendental y genética de Husserl se propuso refundar el pensamiento occidental y devolverle a la filosofía su “rol fundacional”, ante la crisis de las ciencias europeas. En este sentido, la noción sobre el cuerpo, para esta tradición filosófica, no era una mera cosa física arrojada al espacio (Körper), sino un cuerpo vivo (Leib)[1] . En algunos de sus textos fundamentales como las Meditaciones Cartesianas e Ideas II, el filósofo alemán describe al cuerpo propio como el «punto cero» de toda orientación espacial y perceptiva, el anclaje originario desde el cual se constituye el “órgano de yo puedo»[2]. A través de las llamadas «ubiestesias» táctiles (aquellas sensaciones dobles donde una mano toca a la otra), demuestra que el sujeto experimenta una certeza práctica inmediata de su cuerpo, afirmándose como centro de responsabilidad absoluta de su voluntad, tal como lo ha señalado el profesor Roberto Walton[3] .
El problema gnoseológico surge cuando Husserl intenta resolver el solipsismo y explicar cómo accedemos al otro en su Quinta Meditación[4]. Allí, el mecanismo propuesto es la “parificación” (Paarung): una “síntesis pasiva asociativa” por la cual, al percibir un cuerpo físico semejante al mío, le transfiero instintivamente el sentido de una interioridad análoga[5]. Yo «apresento» al otrx como un alter ego a imagen y semejanza de mi esfera de propiedad[6].
Aunque algunos autores rescatan el valor de esta autoconciencia pre-reflexiva[7]para fundar la intersubjetividad, hay una pregunta que cabe hacerle a esta constitución del sujeto: ¿Cómo opera la parificación en la subjetividad para construir la alteridad sin volverla una copia de sí misma? ¿Es posible para esta constitución subjetiva reconocer la presencia de lo extraño cuando no cumple con las condiciones de la parificación? ¿Qué estatus ontológico le corresponde en ese caso? La fenomenología, al condicionar la experiencia del otrx a la semejanza física y a la asimilación analógica, ¿no corre el riesgo de reducir la irrupción del otrx a la esfera de la propiedad?
La irrupción de la «gran razón» en el pensamiento moderno
Frente a esta arquitectura de la presencia y el autogobierno, la intervención de F. Nietzsche opera como una inversión fisiológica destructiva[8]. Para este autor, el «yo» consciente no es un centro de control cinestésico ni la condición de posibilidad del pensamiento sino una «pequeña razón», una ficción discursiva y funcional que el organismo necesita para logicizar la realidad, estabilizar el devenir y hacer soportable la existencia. En Así habló Zarathustra, Nietzsche advierte que el verdadero soberano es el sí-mismo (Selbst), donde la «gran razón» es la del cuerpo, mientras el espíritu es apenas un instrumento o un juguete. Allí indica, “El cuerpo creador se creó para sí el espíritu como una mano de su voluntad” [9]. Lejos de la transparencia del Leib husserliano, el cuerpo para Nietzsche «no es más que una estructura social de muchas almas», un escenario de fuerzas en pugna, afectos, necesidades e iniciativas plurales que transcurren más allá del consentimiento o el conocimiento de la conciencia[10]. Como señala el parágrafo 19 de Más allá del bien y del mal, la voluntad no es unívoca: creer en la unidad del sujeto que comanda con un «objetivo único» es olvidar que los conceptos son metáforas arbitrarias y desgastadas que hemos cristalizado como verdades inmediatas, construidas por la necesidad de comandar nuestra existencia con cierta finalidades circunstanciales y ficcionales[11].
En este sentido, la fuerza asimiladora del espíritu (señalada en el parágrafo 230 de Más allá del bien y del mal)se revela en su tendencia a simplificar lo complejo, a falsear las líneas de lo extraño para asemejar lo nuevo a lo antiguo[12]. La empatía por semejanza del modelo fenomenológico tradicional podría ser interpretada en esta clave como esa fuerza de asimilación o “fuerza digestiva” del espíritu para olvidar su potencia creadora y las máscaras que con ella construye.
Mitología biomédica y tiranía antropocéntrica
El pensador Gazir Sued, en su análisis crítico de Tiranía Antropocéntrica, desenmascara las condiciones psicosociales y económicas que consolidan la autoridad casi absoluta de la industria biomédica con el caso de los monos rhesus, en Puerto Rico[13]. Sued nos invita a tomar una distancia cautelosa del discurso humanista tradicional de los derechos de los animales (porque advierte que frecuentemente es absorbido, cooptado y domesticado por las fuerzas del poder) para enfocar la crítica en cómo el Estado y las corporaciones legitiman la tortura y el sacrificio diario en pos de la humanidad y la ciencia de la salud[14].
Sued expone exhaustivamente la existencia de una “mitología biomédica”: una creencia especulativa, ficcional y fraudulenta que exagera e idealiza la utilidad de la experimentación con primates no humanos[15]. Esta ficción se sostiene mecánicamente sobre el descubrimiento de similitudes anatómicas, fisiológicas y genéticas con nuestra especie; “Estudios realizados sobre la pertinencia y la utilidad experimental de chimpancés en laboratorios biomédicos revelan el carácter ilusorio de esta creencia y develan la relativa insignificancia de sus prácticas dentro del marco de las propias expectativas biomédicas. Aunque la similitud genética entre el chimpancé y el humano se estima superior al 96%, no hay evidencia significativa de su valor experimental ni de contribuciones reales al desarrollo de tratamientos de enfermedades humanas”. Incluso en el caso de los monos rhesus el nivel de coincidencia es de 93% en el ADN[16]. El fraude radica en que estas equivalencias carecen de un fundamento clínico real, operando como una mera propaganda corporativa que oculta sistemáticamente una secuela crónica de fracasos experimentales, mientras omite e ignora de manera absoluta la existencia de tecnologías experimentales alternas más seguras y efectivas [17].
El autor explica por qué es conveniente para la industria perpetuar esta creencia para disfrazar una poderosa voluntad de poder, en la que el prestigio académico y el beneficio económico de un negocio fraudulento convierten la crueldad de la experimentación en ganancias financieras. [18]. Restringiendo el acceso a la información y controlando los medios masivos de comunicación, las corporaciones se aseguran la docilidad de los ciudadanos y la ausencia de una voluntad popular que cuestione la legitimidad de sus autoridades [19]. Luego, cuando la industria ya no encuentra «rentables» a estos animales no humanos porque ya no generan beneficios económicos directos, la retórica neurótica, paranoide e hipocondríaca del Estado y sus «expertos» muta drásticamente: los excedentes biológicos pasan de ser sujetos de prueba a ser catalogados como «plagas», «exóticos invasores» o «especies peligrosas que amenazan la vida humana»[20]. Esta distorsión discursiva sirve para justificar el exterminio masivo mediante «técnicas letales», tales como el uso de balas calibre 22, que se justifica como un método «más humano» que la inyección letal [21]. Para Sued, en la lógica antropocéntrica dominante el cuerpo del animal es despojado de toda soberanía y derecho, es un mero insumo utilitario o un residuo descartable sometido a la tiranía de la especie humana[22].
El exbioterio en el sótano de Saavedra
La denuncia de Sued encuentra un eco alarmante y local en el caso de los monos del CEMIC (Centro de Educación Médica e Investigaciones Clínicas), en el barrio porteño de Saavedra. Allí, en pleno año 2026, siete macacos (Macaca mulatta) viven cautivos en un oscuro sótano, encerrados en jaulas individuales de apenas 60x70x90 centímetros donde no pueden desplegar su locomoción natural. Viven bajo luz artificial constante, pisando barrotes de hierro y observándose de una jaula a otra a la espera de un traslado judicializado que se dilata indefinidamente. El grupo está conformado por Raquel (31 años), Carmencita (31 años), Linda (29 años), Juancito (27 años), Arturo (25 años), Felipe (24 años) y Maco (21 años). Ellos son el descarte de un bioterio que cesó sus actividades de experimentación en 2021. Durante décadas sus organismos encarnaron la violencia explícita de la mitología biomédica: varios de ellos llevan implantes oseointegrados en sus mandíbulas debido a protocolos de experimentación odontológica; otros fueron sometidos a punciones y lecturas hormonales sistemáticas destinadas a ser extrapoladas analógicamente a la medicina humana[23].
Cuando el espacio cerró, la ineficacia institucional y la resistencia económica del establecimiento para financiar un operativo adecuado de rescate condenaron a los primates a una espera agónica. Mientras cuarenta y uno de los monos de la especie cai (capuchinos) lograron ser trasladados a un santuario en Sudáfrica por el financiamiento exclusivo de organizaciones no gubernamentales extranjeras, los siete macacos remanentes sufrieron el estrés incalculable de un traslado fallido a Israel, el cual se frustró en las escalas aeroportuarias debido al estallido del conflicto bélico. Obligados a retornar, volvieron al mismo sótano de Saavedra. Al menos quince pequeños primates murieron en estos años de encierro crónico esperando ver la luz del sol. La crueldad institucional muestra su esplendor cuando se conoce que el propio Conicet, en un documento oficial fechado en 2022, aconsejó la eutanasia para un grupo de estos ejemplares argumentando la «imposibilidad de traslado» debido a las dificultades logísticas asociadas a su edad avanzada y estatus sanitario[24]. El maltrato hacia estos animales (dice la fuente: completamente adaptables, poseedores de una notable predisposición para coexistir socialmente, capaces de lavar alimentos y manipular objetos con destreza manual en su entorno natural) refuerza la vigencia de la crítica de Sued: cuando el cuerpo animal deja de ser rentable para la maquinaria de la salud humana, la respuesta del sistema es el descarte, el encierro crónico o la muerte refinada bajo tecnicismos piadosos.
Romper el espejo antropocéntrico: un animal entre otros animales
Vanessa Lemm en Homo Natura: Nietzsche, antropología y biopolítica nos recuerda la necesidad nietzscheana de retraducir al ser humano al “terrible texto básico de la naturaleza», restituyendo su trasfondo pulsional y animal[25]. La conciencia en el animal humano es un órgano relativamente joven, insuficientemente desarrollado, y como tal puede resultar peligroso; la mayor parte de nuestras funciones vitales operan en una opacidad creadora que nos emparenta con el resto de los vivientes. Para esta autora, el reconocimiento del otro no debe buscarse en la «semejanza a mi cuerpo físico-vivo», sino en ese fondo pulsional compartido que nos vincula con la vida más allá de la unidad ficticia del sujeto[26].
La fenomenología en su afán por refundar las ciencias y extirpar al animal humano su naturaleza fragmentaria, pulsional y conflictiva, reafirmó una arraigada creencia de soberanía jerárquica sobre los cuerpos vivientes. Luego, el poder antropocéntrico y la industria biomédica dispusieron de los cuerpos bajo esta premisa de que la conciencia nos otorga un lugar privilegiado para experimentar con los demás animales.
Entonces, ¿cuál es el sentido de reconocer al otrx por la semejanza del cuerpo físico? Podríamos considerar con Sued, que más que una similitud con fines científicos, la imagen enfatizada del yo que devuelve el espejo del bioterio es, por un lado, suficiente para garantizar que las pruebas darán resultados correctos y tranquilizadores (aún con el 93% de coincidencia en el ADN y existiendo metodologías alternativas más efectivas). Pero, por otro lado, la disparidad de otras especies con respecto a los seres humanos no parece suficiente para dejar de utilizar animales no humanos en bioterios[27].
Hasta 2021 en Argentina, el CEMIC era el último bioterio que funcionaba con primates superiores no humanos. Hoy cinco años después, siete de ellos siguen en un tercer subsuelo sin que la institución responsable haga públicas las razones específicas que los retienen (ni siquiera hay indicios de que sean razones con un fin científico). No obstante, por supuesto que no es el último bioterio en nuestro país, el resto de los animales que no caben en la categoría de “primates superiores” (alta complejidad cognitiva y capacidad de sufrir emocionalmente) no alcanzan una similitud suficiente con el animal humano como para dejar de utilizarlos en experimentación. Aunque, sí la necesaria para “minimizar el disconfort, la angustia y el dolor” [28] y así cumplir con el protocolo que las instituciones científicas precisan para seguir los principios básicos del “tratamiento humanitario” que asegura su sensibilidad en el tratamiento de animales destinados a la experimentación científica condensada en las 3Rs[29].
[1]Husserl, E., Ideas relativas a una fenomenología pura y a una filosofía fenomenológica (II), FCE, México, 1992 Parágrafo 36, p.155.
[2]Husserl, E., Meditaciones Cartesianas, FCE, Meditación V, México,1996, Parágrafo 44, p.154.
[3]Walton, R., Mundo, conciencia y temporalidad, Almagesto, Buenos Aires,1993, pp. 112-113.
[4] Husserl, E., Meditaciones Cartesianas, Op. cit., Parágrafo 51, p 176.
[5] Ídem
[6] Id.
[7] Zahavi, D., La fenomenología de Husserl, Alianza Editorial, Madrid, 2005.
[8]Nietzsche, F., Más allá del bien y del mal. Madrid: Alianza Editorial, 2020, Parágrafo 16, p. 47.
[9]Nietzsche, F. , Así habló Zarathustra. Madrid: Alianza Editorial, Capítulo: «Los despreciadores del cuerpo», 2009, p. 66.
[10] Nietzsche, F., Más allá del bien y del mal. trad. cit., 2020, Parágrafo 19.
[11] Nietzsche, F., “Sobre verdad y mentira en sentido extramoral” en Friedrich Nietzsche con la verdad. Ensayos tempranos. Buenos Aires: Rara Avis,2018, p. 43.
[12] Nietzsche, F., Más allá del bien y del mal. trad. cit., Parágrafo 230, 2020, p. 220.
[13] Sued, G., Tiranía Antropocéntrica. Historia de la crueldad, matanzas y experimentaciones con primates no-humanos en Puerto Rico (1936-2012). San Juan, Puerto Rico: Ediciones La Grieta, Prólogo, 2012, p. 13
[14] Ídem. Crítica de Sued a la cooptación institucional del discurso humanista, p. 13.
[15] Sued, G., Op. cit., apartado «Mitología biomédica, ética y ciencia», 2012, p. 19-20.
[16] Ídem, p. 20.
[17] Ídem, p. 20-21
[18] Sued, G., ed. cit., Prólogo, p. 13 y apartado «Mitología biomédica, ética y ciencia», 2012, p. 21.
[19] Sued, G., ed. cit., Prólogo, 2012, p. 13 y p. 19.
[20] Sued, G., ed.cit., apartado «Matanzas», 2012, p. 17-18.
[21] Ídem, p. 18.
[22] Sued, G., ed. cit., Prólogo, p. 13-14 y apartado «Matanzas», 2012, p. 18.
[23] Datos de la situación material tomados de la crónica de investigación periodística: «Saavedra: los últimos monos de un bioterio de experimentación siguen cautivos en un sótano a la expectativa de su traslado». Diario La Nación, Sección Sociedad, 14 de mayo de 2026. En línea: https://www.lanacion.com.ar/sociedad/saavedra-los-ultimos-monos-de-un-bioterio-de-experimentacion-siguen-cautivos-en-un-sotano-a-la-nid14052026/
[24] Ídem
[25] Lemm, V., Homo Natura, 2024, p. 119.
[26] Ídem
[27] Sued no sugiere que la experimentación, aún regulada en estas especies continúe por motivos científicos, justamente, sino por intereses económicos que funcionan por dentro y por fuera del marco legal.
[28] Resolución CD Nº 2788/11 de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales (Universidad de Buenos Aires), que aprueba el Reglamento del Comité Institucional para el Cuidado y Uso de Animales de Laboratorio (CICUAL) y del Bioterio Central de la FCEyN, 24 de octubre de 2011. Disponible en: https://exactas.uba.ar/wp-content/uploads/2018/03/Reglamento-CICUAL-y-del-Bioterio-Central-FCEyN.pdf. El Artículo VI del anexo II, “Los investigadores deben presumir, que procedimientos que causarían dolor en seres humanos también causan dolor en otras especies de vertebrados, aun cuando todavía falta mucho por saber sobre la percepción del dolor en los animales”
[29] Las 3R son principios que rigen el paradigma de la investigación científica vigente y se basan en reducir el sufrimiento “innecesario”. Proponen Reemplazar por métodos alternativos, Reducir la cantidad de animales empleados y Refinar los procedimientos para minimizar el sufrimiento. Fueron desarrollados originalmente por W.M.S. Russell y R.L. Burch en 1959